CARTA ABIERTA: EL LLAMADO DE UN ÁRBOL CUALQUIERA.

Por Marcelo H. Arre Márfull.

¿Alguna vez has tenido una ola gigante de fuego que se viene encima tuyo?…

Siento una intensa mezcla de orgullo y decepción; alegría e indignación… desde dentro, desde el epicentro del infierno, con las llamas encima de mi hogar y mis seres amados, y de varios días de lucha y sin dormir, pude ver las dos caras de la moneda: los que, sin poder ni autoridad, ayudan de manera desmedida, entregando lo que no tienen y arriesgando hasta su vida, como los que, con poder y absoluta autoridad, desde lejos y detrás de un escritorio, simplemente son observadores pasivos… ¿por qué una vez más tuvimos que esperar la mayor de las desgracias para actuar, y sólo después de varios días interminables de llamados de auxilio y de bosques nativos ardiendo?…

incendio pirqueSoy un real testigo del llamado de auxilio a las autoridades, porque yo mismo lo hice. Y soy un real testigo de las respuestas que recibí de ellos, mientras veía arder entre cerros y con dirección de ataque inminente al poblado, mencionando que todos los “protocolos” estaban ya en proceso. Y no grité una, sino varias veces “Auxilio!”… La experiencia y el criterio nos muestra que el único protocolo cierto es el “estar ahí” desde el minuto cero, acudir al socorro y tomar acciones instantaneas, lo demás, es sólo palabrería. Curiosamente, la autoridad sólo llegó cuando apareció la TV…

Y, ¿qué decir de lo que se muestra en los medios de comunicación?, si mientras las imágenes e información diciendo que teníamos helicópteros pasando por nuestras cabezas arrojando agua circulaba desde todos lados, y en realidad no había ni uno sólo. O cuando decían que el fuego ya estaba controlado mientras veía con mis propios ojos como venía ferozmente bajando por los cerros y se expandía minuto a minuto de una manera sin precedentes. O mientras decían que no había ni un riesgo de que el fuego atacara a viviendas o familias y yo, en ese mismo minuto, a pocos metros, veía como las llamas enormes estaban por ingresar a un hogar con sus avitantes al interior… La desinformación mediática es brutal.

Sin duda, he aprendido bastante, pero me falta mucho más. He compartido con cientos de vecinos voluntarios, Conaf y Bomberos, apagando incendios en medio de los bosques y cerros de Pirque; vi llegar familias enteras de otras comunas para apoyar con palas y rastrillos, con agua y víveres; vi huasos expertos manejado motosierras, valientes guerreros sin descanso; vi mujeres y hombres sin miedo lanzarse al fuego para ahogarlo con lo que tenían a mano; vi jóvenes heroicos volverse brigadistas sin tregua; vi pájaros volar encima de árboles en llamas porque no dejaban sus crías; vi gente proteger las casas de desconocidos como si fuera suya; lloré cuando llegaron helicópteros y carros con agua…

Ser testigo de cómo avanza el fuego con muy pocos medios para combatirlo es terrorífico, pero si algo te hace aprender es que la entrega humana de personas comunes y corrientes no tiene límites. Y lo más increible aún, es cuando los que llegaron en tu ayuda, son los nunca imaginados; y los que imaginaste, nunca llegaron…

Leí por ahí que “Las críticas no apagan el fuego”… y es cierto, el fuego se apaga con agua, pero más aún con coraje, unidad, recursos, organización, solidaridad, con visión generosa y obsesiva por el bien común. Pero estoy seguro que las críticas oportunas hoy, sí llevarán a la evaluación, discusión y diálogo para tomar medidas futuras… Debemos ser drásticos! Con la vida no se juega!… Y por el bien de nuestro planeta, espero que así sea.

Tengo mucho que decir, pero dejo esto hasta aquí. Cientos de focos y miles de personas aún nos esperan en varias regiones del país… Ya debo tomar mi pala para seguir ayudando…

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