San Ignacio de Loyola y los Ejercicios Espirituales

ParroquiaQueridos amigos de la comuna de Pirque, la realidad de nuestra vida a veces está envuelta de mucho movimiento exterior e interior, sin dejar descanso a nuestro cuerpo y alma, lleno de quehaceres en el hogar, el trabajo o las múltiples acciones del día a día, que innumerables veces nos ahogan e inquietan. Una opción a esta realidad es encoger los hombros y seguir adelante, otra es tomar una pausa y plantearnos un descanso y al mismo tiempo meditar sobre nuestra vida y nuestra relación con Aquel que es nuestro descanso, Jesucristo, el Señor. Es aquí donde quisiéramos compartir la existencia de los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, fundador de la ilustre compañía de Jesús, también conocidos como los jesuitas, y de la cual recordamos su memoria en este mes de julio.

Los Ejercicios Espirituales descritos por San Ignacio de Loyola probablemente fueron delineados durante su vida en Manresa en 1522 y, desde ahí, comenzó a enseñarlo a otros. En el proceso de 1527, en Salamanca, se habla del libro por primera vez, llamándolo el “Libro de Ejercicios”. Fue examinado por los censores pontificios, siendo aprobado solemnemente por Pablo III, en el Breve “Pastoralis Officii” de 1548.

“Los Ejercicios Espirituales” son un libro como si fuera un manual para el sacerdote encargado de explicarlos. Por su contenido es muy difícil describir los ejercicios sin llevarlos a la práctica. Su propósito es ayudar a que el “retirante” conozca lo que Dios quiere de él, y darle la fuerza y valor necesarios para decidirse en generosidad y libertad a ejecutarlo. En circunstancias ideales, el retirante es guiado a través de meditaciones durante cuatro semanas: la primera semana sobre el pecado y sus consecuencias; la segunda, en la vida de Cristo en la tierra; la tercera, en su Pasión; la cuarta, en Su vida después de la Resurrección. Además, se incluyen algunas instrucciones, llamadas reglas, sumas o notas, para enseñar cómo orar, cómo evitar los escrúpulos o cómo elegir una vocación sin ser influido por el amor propio, o el amor al mundo.

Cuando los Ejercicios se hacen en su totalidad, deben hacerse, según la idea de Ignacio, sólo en una o dos ocasiones; pero si se hacen parcialmente (entre tres o cuatro días) pueden hacerse anualmente, y se hacen en forma de retiros espirituales, en aislamiento o alejamiento del mundo. También se realizan misiones sobre ellos.

Los Ejercicios están orientados a todos nosotros, sin distinción, para regalarnos un encuentro personal con el Señor. Ahí, en silencio y en lo profundo de nuestra vida, en lo cotidiano, junto al Señor, podremos buscar y hallar cómo vivir en plenitud y con una vida llena de sentido, descubrir el camino de ser y servir en el mundo, desde nuestra propia realidad.


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