Pirque sí es un Terroir

Por Paloma Olivares V.-

 

En septiembre todos nos acordamos que somos chilenos, que nacimos en esta tierra larga y angosta, que existe la cueca, el poncho, las chupallas y los volantines, y que hay deportes – hoy polémico – como el rodeo. Es en este mes que nos re-enamoramos de la patria, la bandera y la empanada. En Pirque se realizan desfiles, casas, parcelas y campings (legales e ilegales) revientan de parrillas contaminadoras y corre el vino, el terremoto y la chicha a raudales.

terroirChile y Pirque se ofrecen abundantes para reflexionar sobre nuestro patrimonio, cuánto lo valoramos y cómo lo preservamos, y creemos que dentro del amplio valor patrimonial de nuestra comuna, el vino es una de las más importantes.

Dentro del territorio pircano encontramos a las Viña Concha Y Toro, Haras de Pirque, El Principal, Santa Alicia, Apaltagua, Portal del Alto y William Fèvre, entre otras. La más antigua y más grande, Concha y Toro, data de 1883. Las demás, se han ido sumando al pasar de los años, marcadas fuertemente por una tradición campesina y muy particular. Es por esta y otras razones que revisaremos más adelante, que podemos decir que la tradición vitivinícola es parte fundamental del patrimonio de nuestro país y nuestra comuna. Sin embargo, ¿qué tanto sabemos realmente de ello?, ¿nos hemos dado el tiempo para conocer las viñas y saborear la producción de vinos, al menos de la comuna? Dentro de la larga historia del vino en Chile, en los últimos años las voluntades tanto de la comunidad y como del sector público han potenciado, lentas pero seguras, el reconocimiento del vino como parte de la herencia cultural del territorio chileno.

En Pirque, a través de restaurantes, tours y wine shops, las viñas han ido abriendo sus puertas al público extranjero y local.

A fines de agosto y principios de septiembre Gonzalo Rojas Aguilera, Licenciado en Historia, especializado en Historia Económica, Magíster en Estrategia Internacional y Política Comercial e Investigador sobre temas de historia y vitivinicultura, visitó nuestra comuna para exponer sobre vino y patrimonio cultural. Durante la primera exposición organizada por Pro Pirque en la viña Haras de Pirque, Gonzalo Rojas nos planteó el desafío de crear y potenciar un enoturismo sostenible, amigable con el medio ambiente, con identidad y que mantenga la tradición local. Señaló que el desarrollo del enoturismo debe involucrar a toda la comunidad, ya que el objeto que se muestra no es sólo el vino en sí, sino que está sustentado por un territorio y por las personas que lo producen, rodeado de habitantes, de arquitectura, de belleza natural y potenciado por políticas públicas y privadas. “Debe lograr un equilibrio entre tradición y modernidad” indicó en la fría bodega de la viña que perteneció por casi 15 años a la familia Matte y que hoy fue traspasada al grupo italiano Marchesi Antinori. Para este historiador, Pirque tiene todo el potencial para llegar a ser un destino turístico de primer nivel y reconocido mundialmente, ya que no sólo aún cuenta con “la rica cultura chilena” como expresó, sino que también tiene a una de las viñas más importantes del mundo, la Concha y Toro. “Yo ni siquiera hablaría del Valle del Maipo, hablaría de Pirque”. El desafío está en diseñar una estrategia en común, de todas las viñas, empresas, emprendedores asociados, incluyendo el gobierno local. Debemos sentarnos y pensar cómo hacer que las 6 viñas que están en Pirque miren hacia adentro, se miren entre sí y se den la mano, cómo generar sinergias con la cultura ecuestre, la montaña, el patrimonio natural y cultural de la comuna, cómo vincular emprendedores, pequeños y micro empresarios al enoturismo con calidad y altura de miras, cómo hacer que el municipio se hagan cargo de temas pendientes como la vialidad y la arquitectura del sector comercio.

Historias del vino

Las Majadas realizó por primera vez el fin de semana del vino y ofreció varias actividades destacando la gastronomía y el maridaje, además de la interesante exposición “Historias del vino” presentada por Gonzalo Rojas.

En un recorrido durante el cual los asistentes pudimos degustar las cepas con mayor presencia en la historia de la vinicultura desde el tiempo de la conquista, Rojas demostró la tremenda importancia que tiene la cultura vitivinícola en la construcción patrimonial del país, lo que hoy se traduce en que nos hemos convertido en el sexto exportador mundial de vino, con 12 mil millones de litros a 160 países.

En el texto publicado en el 2015 por Gonzalo Rojas titulado “Patrimonio e Identidad Vitivinícola. Reflexiones sobre la evolución de los significados culturales del vino en Chile”, el investigador reflexiona sobre los significados culturales del vino en nuestro país.

Rojas se pregunta ¿Qué importancia ha tenido el vino en la construcción identitaria de nuestro país? Tal como lo relata, la presencia del vino “se remonta hasta la llegada de los primeros conquistadores españoles, época en que fueron introducidas las primeras parras viníferas en torno a las décadas de 1540 y 1550. El vino estuvo presente como elemento necesario para la liturgia, así como también en virtud de su valoración cultural por parte de los hispánicos. Durante estas primeras décadas del asentamiento hispánico, crecían en los solares de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo y sus chacras aledañas los parronales y se producía vino para el consumo doméstico. Con el tiempo, esta práctica se extendió por el territorio incorporado por el Imperio Español, desde Huasco hasta Concepción – vale decir, lo que comúnmente se conoce como el “Valle Central de Chile”, y hacia 1594, los registros eclesiásticos indican que se producían en el país alrededor de cien mil arrobas anuales, equivalentes a mil seiscientos millones de litros de vino”.

Según dicho texto, el cultivo de la vid dio forma a una nación identificada con el Valle Central, lo que se arraigó fuertemente a su geografía y modeló el paisaje cultural. Trasladando aquel planteamiento a nuestra comuna, qué más demostrativo que la infaltable presencia del vino en las payas y el canto a lo poeta. “La belleza estética del viñedo colonial es otro elemento importantísimo a considerar, pues dio una impronta de austera elegancia al paisaje chileno, mientras que contribuyó a forjar un carácter manso a hombres y mujeres en un ámbito marcado por el sosiego. Un retrato en que el parronal aparece como un ambiente familiar y festivo en el umbral entre lo privado y lo público, donde se dan lugar los más variados episodios, desde celebraciones religiosas hasta conversaciones de negocios. En este sentido, la imagen de la viña es el símbolo de la prosperidad agrícola por antonomasia”. Para Rojas, así como para otros investigadores sociales y vinculados a la agricultura, la actividad vitivinícola fue haciendo importantes aportes a la construcción de la identidad de la nación. Pareciera que las casas de adobe y techo de teja, el típico parrón a la salida de la cocina, los gallineros, el aroma de la chacra y del cilantro sobre la cazuela, nos remitieran inmediatamente a una copa de vino.

Si bien la cultura vitivinícola ha crecido en el último tiempo, aún queda mucho por hacer y Gonzalo plantea importantes desafíos para el siglo XXI: Educar a las nuevas generaciones en el respecto y conservación del patrimonio vitivinícola, generar incentivos para el desarrollo sostenible y armónico entre tradición y modernidad, practicar el comercio justo, potenciar la filosofía del terroir en la producción, desarrollo del enoturismo como actividad complementaria de la cultura del vino y entender el vino como arte y el arte en el vino, entre otros.

Para él el vino es algo mágico, resultado de una alquimia en la que se une las bondades de la tierra y la mano del hombre, una armonía que resulta de un terroir determinado. Gonzalo asegura que Pirque tiene el suyo propio, que es capaz de peculiarizar la producción de las viñas pircanas y ese es nuestro mayor patrimonio. “Tú puedes identificar perfectamente cuando un vino es de Pirque o no por las características del terroir. Este es el principal activo patrimonial de Pirque” afirmó en la entrevista previa que le hizo el equipo de Las Majadas antes de su charla.

Si bien no pretendemos influir en el consumo excesivo de alcohol, sí queremos ser un aliciente para que los pircanos nos interesemos por el vino, sobre todo el producido en nuestra comuna. El vino es un mundo que se compone no sólo del brebaje, sino que también lo hace de platos que lo acompañan, de reuniones de amigos, familia, de conversación, de arquitectura y belleza natural, de suelo y el amor del viticultor, y de un deleite que nos puede llevar a rincones inimaginados.

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