Raíz Agroecológica: Tomates todo el año

El verano es un periodo de abundancia. Lo saben las aves que se debaten día a día entre asaltar un maqui, un durazno, un damasco o alguna hortaliza de la chacra más próxima. Lo sabemos nosotros que día a día vemos cómo se pueblan nuestros caminos con sandías y melones.

Al comenzar esta columna en el mes de noviembre nos preguntábamos por el sabor de los tomates. Sobre el tomate hay tanto que decir.

raizQuizás a usted le ocurra también, que compra tomates en el supermercado a regañadientes. No tienen olor, no tienen sabor y además cuestan cada día más caros.

Lo cierto es que la industria del tomate es enorme, excede ya la imagen que podamos tener de un campesino acarreando cajones en un carretón.

El año 2015 pudimos viajar un grupo de pequeños agricultores de Pirque a conocer el desarrollo tecnológico de la producción de tomate en Arica en el marco de un curso de capacitación impartido por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA). Arica es la principal zona productora de tomate desde abril a diciembre. Luego esa producción se traslada con fuerza a Quillota y los valles aledaños.

Hasta hace algunos años el valle de Azapa era reconocido por sus aceitunas. Olivos centenarios ser erguían sobre los 15 metros en algunos casos. Familias italianas producían excelentes aceites y aún perviven algunas aceiteras entre ellas la de la Universidad de Tarapacá en su campo experimental; pero sin dudas ya la producción de olivos va en franca retirada hacia Perú. Así que si usted compra aceitunas de Azapa, lo más probable es que le estén pasando gato por liebre.

Las multinacionales del agro cada cierto tiempo escogen territorios para desarrollar sus paquetes tecnológicos. Eso ocurrió en Azapa. El producto estrella es el tomate, el que se cultiva en invernaderos de malla con superficies que parten de 1 hectárea. Visto desde el cielo, el Valle que irrigado por su generoso río San José de Azapa solía ser un oasís único, hoy se ha vuelto una superficie completamente enmallada.

Dentro de esos invernaderos las plantas se encuentran muy ordenadas, libres de malezas -que próximamente contaremos porqué no son para nada malas- y algunos sectores se encontrarán momentáneamente imposibilitados de ser visitados porque se han aplicado químicos tóxicos para controlar plagas.

El suelo de esos invernaderos no otorga -prácticamente- ninguna propiedad a los frutos, su nutrición es exclusivamente química y se entrega en forma de soluciones a través del riego por goteo. Arica recibe cantidades ingentes de insumos para la producción agrícola. Inclusive existe un comercio ilegal de productos químicos ingresados desde Perú y Bolivia que no cuentan con autorizaciones sanitarias.

El productor busca que el tomate crezca hasta los 200 o 250 gramos. Así, un racimo de 4 o 5 tomates podrá pesar 1 kilogramo.
También busca que sea homogéneo y que resista el viaje a Santiago y a otras regiones del país.

Las variedades utilizadas son todas ellas híbridas y en muchos casos se opta ya por plantas injertadas resistentes a hongos de suelo que perduran debido a la falta de rotaciones de cultivos.

Sumado a eso el tomate viaja a lo menos 2000 kilómetros. Luego usted y yo nos preguntamos ¿Por qué los tomates ya no saben como antes?

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