Raíz Agroecológica: Malezas no, buenezas sí.

Existe en la relación que hemos establecido con las hierbas, aquellas a las que solemos llamar malezas, un signo que revela los resabios de esa mirada que fijó a la naturaleza como un enemigo al que debemos doblegar en pos del progreso.

Escogimos para ellas un nombre que las alejara lo suficiente de nosotros mismos y de nuestra labor agrícola, (como a los insectos que solemos nombrar “bichos”) porque a los enemigos se les ha de diferenciar hasta no reconocer nada de uno mismo en ellos. Y luego la guerra está declarada.

Raíz1Sin embargo, desde la introducción de los arsenales químicos para su “combate”, las hierbas no han hecho más que sostener su expansión llegando a desarrollar -algunas de ellas- resistencias a los principios activos presentes en los “matamalezas” de última generación. Por ello y por los demás perjuicios que provoca, va siendo ya hora de dar la guerra por perdida para buscar un nuevo enfoque de convivencia basado en la comprensión de las dinámicas de un ecosistema saludable.

La Agroecología viene intentado reconocer que hay un valor asociado a cada especie herbácea, lo que exige claramente un esfuerzo de conocerlas en su individualidad así como también en su interacción con otros seres vivos. Como punto de partida de este nuevo pacto, intentamos llamarlas Arvenses, que es una palabra neutra derivada del latín y que quiere decir sencillamente: hierbas que aparecen en suelos cultivados. Al nombrarlas así, estamos reconociendo que surgen como respuesta a una perturbación sin igual en la naturaleza, la labranza.

Algunas de ellas extienden sus raíces para contener la pérdida de partículas de suelo, otras poseen ciclos de vida cortos permitiéndoles realizar un rápido aporte de materia orgánica. Las hay las que nutren el suelo al tomar nitrógeno atmosférico y fijarlo al nivel de sus raíces: Todas ellas retienen humedad y adecúan progresivamente el suelo para el desarrollo de plantas superiores, microorganismos, insectos, etcétera. En su diversidad también encontramos propiedades medicinales y nutricionales de excepción. Claro que hay también especies invasoras, procedentes de otros ecosistemas, ellas han prosperado en nuestros suelos a causa -entre otras cosas- de la eliminación sistemática de hierbas nativas. Pero la mayoría de ellas son “buenezas”, como nos diría un gran maestro campesino que conocimos en otra latitud.

El tema es extensísimo, pero solo para graficarlo mencionaremos algunos ejemplos de usos benéficos para los seres humanos:

El Yuyo, (Brassica rapa) posee unos tallos comestibles. Puede prepararse un zumo con toda la planta para el combate de la diabetes. Es Antiescorbútica y desinfectante de la boca.

Pasto del perro o Huilmo (Bromus catharticus) con ella puede fabricarse una harina para elaborar pan. Contiene 14 gramos de proteínas por cada 100 gr. Combate problemas digestivos pues su raíz tiene efectos purgantes.

Quinguilla (Chenopodium álbum) Sus hojas son comestibles, pueden utilizarse en lugar de acelga o espinaca. Destaca por su concentración de minerales y vitaminas. El jugo de la planta se utiliza como antiparasitario.

Achicoria silvestre (Cichorium intybus), sus hojas se pueden consumir en ensaladas crudas –haciéndolas amarillar para quitarles su amargor-. Sus propiedades medicinales van desde el tratamiento para la diarrea, fortalecimiento prostático. Alivio de la tos, molestias hepáticas y de la resaca.


Tal parece que no exageraba en nada Walt Whitman cuando nos cantaba:

“Yo creo que una hoja de hierba no es menos que la diaria trayectoria de las estrellas”

David Ordenes Melillán

Raíz Agroecológica de Pirque
agrupacionrap@gmail.com

Bibliografía: Cordero, S.; Abello, L; Galvez, F. 2017.  Plantas silvestres comestibles y medicinales de Chile y otras partes del mundo. Guía de Campo. Ed. Corporación Chilena de la Madera, Concepción, Chile, 292 p.

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