Restauración Ecológica

“El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora” Proverbio Chino.

Los indicadores respecto de los efectos que nuestras actividades humanas están causando al planeta se suceden casi diariamente en oleadas cada vez más atemorizantes. Solo por mencionar algunas; se calcula que la minería, la agricultura y la urbanización ya han transformado un 75% de la superficie planetaria y que 4.000 millones de personas se ven afectadas seriamente por la falta de agua en algún periodo del año.

Raiz-Agroecológica2Para reafirmar aún más nuestra responsabilidad, a fines de mayo fue publicado que si bien los seres humanos somos solo un 0,01% de la biomasa total terrestre, hemos hecho desaparecer un 83% de los animales salvajes, un 80% de los mamíferos marinos, 50% de las plantas y un 15% de los peces.

Aún si reconocemos que los países no poseen igual grado de participación en tal destrucción ecosistémica, nos vamos quedando sin tiempo para revertir esta catástrofe evidente. Para 2050 se proyecta que la población mundial alcanzará los 10.000 millones de habitantes y eso está a la vuelta de la esquina.

Lejos de lamentarnos más tiempo, debemos volver a confiar en las maravillosas capacidades humanas para reparar el daño autoinflingido. O pensar, como bellamente lo transmitía Jean Giono en su clásico “El Hombre que plantaba árboles”,  “[…] los hombres pueden ser tan eficaces como Dios en tareas distintas a las de destruir”.

En esa dirección es que cada vez oímos más frecuentemente el concepto de Restauración Ecológica, que viene a ser una disciplina con bases científicas que busca asistir la recuperación de ecosistemas degradados, dañados o destruidos.

Nuestra comuna cuenta con algunos prometedores proyectos que buscan devolvernos coberturas nativas en, por ejemplo, los bordes del río Clarillo, protegiendo su cauce y generando un hermoso refugio para aves y polinizadores.  Sería maravilloso que proyectos de este tipo involucraran también a; nuestros jóvenes, nuestros niños y niñas, nuestros adultos mayores. Y que la restauración ecosistémica pudiera ejercer sus efectos en la recomposición de nuestras relaciones humanas. Cuando los proyectos de Restauración Ecológica consideran el trabajo de las comunidades se asegura también el éxito de tales esfuerzos (porque con ello se modifica una de las causas basales del desastre que han sido las políticas y estrategias de reforestación desarrolladas en Chile: su instalación como dispositivo externo, y por tanto, ajeno.) y devuelven a los habitantes de los ecosistemas restaurados el derecho a soñar con un desarrollo sustentable y duradero de la propia comunidad y su hábitat.

Solo podremos enfrentar el cambio climático con más bosques, cuyos suelos ricos en materia orgánica podrían, por ejemplo, preservar para nosotros toda el agua que necesitamos para existir.

Necesitaremos más bosques, que con su respiración y su entramado de raíces nos ayuden a capturar el CO2 que hemos liberado a la atmósfera en los últimos doscientos años hasta fijarlo bien profundo, otra vez, en las entrañas de la tierra.

Y así cuando el calor y el frío se intensifiquen aún más hasta amenazar la frágil vida de nuestra especie, podremos sobrevivir al generoso amparo que la sagrada complejidad y equilibrio de los bosques nos ofrece.

David Ordenes Melillán
Raíz Agroecológica de Pirque
agrupacionrap@gmail.com

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