Agua Azul, Agua Verde, Agua Gris

“[En el mundo] la escasez de agua es cada vez mayor”, lo anunciaba la FAO por enésima vez en 2011 en su informe Estado de los Recursos de Tierras y Aguas en el mundo para la alimentación y la agricultura. Y lo ha seguido repitiendo hasta el día de hoy como una verdad inalterable.


Los habitantes de Petorca expresaron su situación de emergencia públicamente en reiteradas oportunidades, pero no fue sino hasta que un medio internacional -Deutsche Welle- realizó un documental sobre la sequía en la localidad y su vínculo con la producción y exportación de palta Hass, que la situación adquirió verdadera relevancia. No es extraño: incluso para cada uno de nosotros individualmente el agua aparece como un recurso permanente, infinito.

Mal que mal, basta con abrir la llave, ¿no?

Raiz2Hace no mucho, oí a una vecina decir que haría falta embalsar más ríos, “porque somos el único país rico en agua dulce que la desperdicia en el mar”, casualmente o no,  también se lo he oído al Presidente de la República. Otro gran amigo, agricultor al que admiro, parece pensar que los acuíferos de aguas subterráneas son ilimitados: “cuando se acabe el agua de riego, hago un pozo”.

Discursivamente es como si confiaramos con que solo bastará algo más de tecnología para superar la escasez del “vital elemento” en el futuro. Tecnología que podríamos pagar luego, gracias al agua que vendemos hoy:

Una hectárea de nogal en producción, por ejemplo, emplea del orden de los 7 millones de litros de agua -solo en temporada de riego-. Y un 84% del peso total de una manzana es agua.

Entonces, sería válido e imperioso preguntarse ¿Cuánta agua está siendo extraída sin reposición de nuestro ecosistema más inmediato cada año para ser exportada?

El ciclo del agua es ya un ciclo perturbado. Llegar al mar y fundirse en él para evaporarse es parte de su naturaleza en tanto ciclo. No perdemos agua cuando esta llega al mar y se evapora; el gran problema es que la deforestación de los valles y los monocultivos, entre otros factores, generan que las nubes pasen sin descargar precipitaciones que repongan en equivalencia toda el agua consumida o evotraspirada.

Por eso, al igual como el mundo ya habla de la Huella de Carbono para calcular el nivel de contaminación que puede significar, por ejemplo, un viaje en avión entre América y Europa; también se está adquiriendo conciencia respecto de la Huella Hídrica que implica la producción de determinados bienes.

Se diferencia entonces el agua con tres colores:

Agua Azul, para señalar el agua dulce extraída de ríos, lagos, acuíferos, etc.  Agua Verde, aquella que es retenida por los suelos producto de las  lluvias.
Agua Gris para las aguas que son contaminadas como resultado de los distintos procesos productivos.

La agricultura tiene el deber de asumir su Huella Hídrica (ni qué decir de su Huella de Carbono), disminuir el consumo de agua azul aumentando la capacidad de captación y aprovechamiento de agua verde, y evitar producir agua gris con altos contenidos de fertilizantes y pesticidas.

Solo de esa manera, dejaremos de vender el agua de nuestros hijos y de nuestros nietos. Solo entonces estaremos legando riqueza verdadera.    

David Ordenes Melillán
Agrupación Raíz Agroecológica de Pirque
agrupacionrap@gmail.com

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