Chile país de vinos

Por Catalina Avendaño.-

Sus características naturales logran un equilibrio que hace de nuestro país uno perfecto para la producción de vinos. Los invitamos a conocer, de norte a sur, lo que cada uno de los valles vitivinícolas tiene para ofrecer.

Chile es un país único. Recorrerlo es maravillarse con un paisaje que va cambiando, con colores singulares y tradiciones únicas de cada lugar. A cada extremo, las barreras geográficas nos han marcado por cientos de años: el desierto de Atacama en el norte, la Cordillera de los Andes al este, los campos de hielo al sur y el Océano Pacífico al oeste. Y con su geografía larga y estrecha, Chile nos regala una riqueza agrícola de la que pocos países pueden presumir.  

Majadas-6Somos afortunados: donde miremos nos encontramos con algo diferente. Y no sólo hablamos del paisaje, también cambian el clima, el suelo y las alturas. Una riqueza única que hemos sabido aprovechar en lo agrícola, pero también en lo vitivinícola. Todo influye en la uva, como las corrientes de viento que suben y bajan de la cordillera, el agua que nos entrega y la presencia de un océano de aguas frías que generan una niebla fresca que cada mañana enfría los viñedos. Nada está de más.

A lo largo y a lo ancho

Toda esa riqueza natural, con veranos calurosos y secos e inviernos fríos y lluviosos –típicos del clima mediterráneo– es lo que hace de nuestro país uno muy especial para los apasionados del vino. Todo está en el equilibrio que cada elemento le entrega a nuestra tierra.

Nuestra propia naturaleza es la que nos ha llevado a aprender más de vinos. Hace unos años dejamos de hablar de “tintos y blancos”, y hace algunos menos dejamos de tomar sólo Cabernet Sauvignon y Sauvignon Blanc. Hoy día la variedad de viñas y cepas se ha multiplicado, recorriendo y sorprendiendo el territorio nacional de norte a sur.

Al norte, el primer valle vitivinícola que asoma es Elqui, con un clima de semi desértico y suelos secos que caracterizan sus uvas de mesa, de pisco y vino. Luego, el Valle de Limarí combina la frescura que le da su cercanía con la costa, mientras que Choapa destaca por ser el punto más angosto de Chile, donde la Cordillera de la Costa y la de Los Andes casi se juntan.

En el Valle de Aconcagua, los sectores de clima cálido y frío permiten el cultivo de cepas y uvas variadas. Casablanca –en la V región– es uno de los valles más visitados de nuestro país, en parte gracias a la diversificación de la oferta que le da su clima y sus suelos, con buenos resultados en tintos como el Pinto Noir, Cabernet Franc o el Syrah.

San Antonio Leyda, también en la V, se caracteriza por ser un valle costero, mientras que Cachapoal es una zona principalmente agrícola. Colchagua empieza en la Cordillera de Los Andes y llega hasta la costa frente al Océano Pacífico, lo que le da una amplia diversidad geográfica. Este valle se ha vuelto un destino turístico vitivinícola importante, reconocido por su terroir y también por su patrimonio cultural.

Curicó tiene una tradición vitivinícola de más de un siglo, mientras que en el Maule nos encontramos con vinos blancos muy frescos hasta tintos con carácter. Más al sur, los valles de Itata, Bío Bío y Malleco destacan por vinos de climas fríos.

Se necesita una vida para conocer todo el Chile vitivinícola. Y todavía nos queda el Valle del Maipo. No es casualidad que no lo hayamos nombrado, sólo quisimos dejar nuestra casa para el final.

Con sus divisiones de Andes, valle y costa, esta es una de las zonas con más tradición vitivinícola de nuestro país, donde crecieron algunas de las primeras viñas chilenas. De todas las variedades que encontramos, hay uno especial, que abarca más de la mitad de la producción de la región: “en el Valle del Maipo destaca el Cabernet Sauvignon por ser la variedad que puede adaptarse a las condiciones del terroir, produciendo menores volúmenes de uva pero de extraordinaria calidad”, afirma Leonardo García, Jefe de Operaciones de Concha y Toro.  

Bien lo saben en la viña El Principal, donde sus tres vinos: Calicanto, Memorias y El Principal, son ensamblajes tintos en base a Cabernet Sauvignon. Macarena Saá, Encargada de Mercado Nacional en la viña, reconoce las diferencias entre cada zona del valle y considerando Maipo Andes describe a sus vinos como “tremendamente expresivos y representativos del terroir donde se producen, ya que las condiciones de esta parte del valle son bien fuertes y determinantes; la variación de temperatura y la composición de los suelos cordilleranos ayuda a que los vinos expresen cualidades muy características de este valle”, asegura.

Desde William Fevre, Cristián Aliaga, su enólogo, también distingue las diferencias entre aquellas viñas que están más cerca de la cordillera de las que están en sectores más planos o costeros. Sin embargo, está seguro de que la mayoría de los vinos del valle “tienen la maduración de la fruta en condiciones de cuidados básicos en el viñedo da una agradable boca, fresca fruta roja, madura con notas de hierbas o especias, que son fáciles de trabajar en la bodega y posterior guarda”. Y quién sabe más de vinos que quienes los producen.

Mucho más que uva

Una geografía diversa permite diversos vinos, y por lo tanto, diversas experiencias gastronómicas. Por eso, en el restaurant de Las Majadas de Pirque lanzaron una nueva carta de vinos que mostrara la riqueza vitivinícola de Pirque, el Valle del Maipo y de Chile. Hay un interés por impulsar el vino chileno, y en esa búsqueda, crearon una carta con una selección especial que se lanzará durante el mes de septiembre.

“El vino potencia los sabores y aromas de un plato, y viceversa” asegura Leonardo García, y es por qué nos encanta maridar la comida. Ese equilibrio donde lo que comemos y lo que tomamos se unen para entregarnos una experiencia más intensa, con sensaciones que no conocíamos. Una nueva forma de vivir la cocina.

El camino que nos queda es largo: hay mucho por crecer en Chile y mucho por aprender también. Los desafíos siempre están en lo cambiante que puede ser el clima; años secos, años lluviosos, pero también está en salir a contarle al mundo todo lo que tenemos para ofrecer. Para eso el trabajo colaborativo se está convirtiendo en prioridad para quienes conocen su importancia. Potenciar el consumo de vino, el turismo vitivinícola, enseñar lo que tenemos y, sin duda, valorarlo.

Esto recién comienza.

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