La memoria incinerada

Cada primavera, aún más desde el verano de 2017 en que parecía que todo iba a arder, aumenta nuestra preocupación por el incremento en las condiciones de riesgo de incendios que afectan a gran parte del país.

Paradojalmente con las flores y los brotes de la estación, se inician también las quemas controladas, autorizadas para la Región Metropolitana a partir del mes de octubre.

Raíz1Comunas como la nuestra iluminan constantemente el cielo con el resplandor humeante de fuegos nocturnos. Limpieza le llaman algunos.

Días atrás, un mensaje del cuerpo de bomberos en Twitter rezaba: “Ahora| debido a las diversas alarmas recibidas se informa que existen diversas quemas autorizadas en la Comuna de Pirque.”(sic)

Sabemos que los países del primer mundo prohiben esta práctica, porque a diferencia del subdesarrollo, ven en los rastrojos y en las desechos de podas Recursos, y por tanto, Valor. Enumeremos: mejoramiento en las propiedades químicas y físicas del suelo a través de la elaboración de Compostaje; Carbón o Leña (sin tala); Bioetanol; Producción de electricidad con Biomasa, etc. El listado es abundante, tanto como los puestos de trabajo que generan.

¿No siente Usted que en volutas de humo se disipa también algo de nuestro futuro?

Pero el amor al fuego es atávico, dicen otros por justificar, como queriendo recordar que nuestro país entraña un triste pasado de fuego y destrucción en los albores de su conformación republicana.

Bastaron solo 100 años para transformar completamente el paisaje de grandes extensiones de bosques, ríos navegables y suelos cultivables. Entonces resulta que hoy día creemos que los ríos empobrecidos que vemos en nuestras regiones son lo que siempre han sido.

¿Dígame Usted, cómo se recupera esa memoria incinerada?

Nos señala Luis Otero en su libro “Huella del fuego” de editorial Pehuén, que los ríos y quebradas de la zona central entre el Aconcagua y el Biobío debieron estar cubiertos por Canelos, Pataguas, Lingues y otras especies. Un pasado muy distinto a la basura y extracción de áridos del presente.

La mayor parte de esa Biodiversidad simplemente la destruyó el fuego y con ello el olvido de una parte de nosotros:

¿Cómo saben los frutos maduros del Boldo (Peumus boldus), o la textura y semillas del Coile (Lardizabala biternata)?

¿Qué aroma desprende el Queule (Gomortega keule) al cocinarse en una olla para preparar mermelada?

¿Cuán sabros ese chanchito criado comiendo los frutos de un Belloto del Sur (Beilschmiedia berteroana) del que solo quedan 2000 ejemplares adultos en el único país del planeta en que existe?

¿Cuán inolvidable ese pololeo a la sombra de los Lingues (Persea lingue)?

¿Cuán placentera esa siesta de verano perfumada en una ribera florida por pataguas (Crinodendron patagua)?

Son las preguntas que le regalo a Usted, en esta navidad. Sí, a Usted, querido vecino, el de la foto. Que se siente divino quemando pasado, presente y futuro.

Nada más porque le sale más barato.

David Ordenes Melillán
AG Raíz Agroecológica de Pirque

agrupacionrap@gmail.com

Deja un comentario