Pirque es sinónimo de familia

Por Catalina Avendaño.-

 

Una comuna formada por familias que llegaron hace más de cien años, pero que aún son parte del presente. Este es su legado.

El verano es el momento perfecto para compartir en familia, y Pirque cuenta con un sinnúmero de actividades para que grandes y chicos disfruten juntos. Ese espíritu es el sello de la comuna, y hoy queremos retroceder en el tiempo para conocer a las familias de antes, esas que construyeron el Pirque que conocemos hoy.

Pirque-Familia-6Partamos por el principio

Pirque es una tierra fértil protegida por los cerros de la precordillera; al norte limita con el río Maipo, que lo separa de Santiago, y por el sur con el río Clarillo. Es el año 1620, y luego de la muerte de Rodrigo de Quiroga e Inés de Suárez, la viuda de Alonso de Córdova vende la propiedad, que cambiaría numerosas veces de dueños hasta 1764, cuando José de Gana compró y reconstruyó las instalaciones de Pirque.

Al morir en 1786, heredaron sus hijos Gana Darrigrandi, cuyos descendientes –en 1830– vendieron a Ramón Subercaseaux. El empresario minero construyó en Pirque la obra más importante de la época: el Canal de Pirque, que conduce hasta hoy las aguas que toma desde el río Maipo y las distribuye por el valle.  

Ramón Subercaseaux murió en 1859 –quedando para siempre en la memoria pircana– y en 1864 la hacienda de Pirque se dividió en seis hijuelas entre sus hijos y su señora: Magdalena Vicuña heredó Santa Rita, Manuela La Isla, Antonio El Cruceral, Emiliana El Llano, Carmela San Juan y su hijo menor Francisco heredó Las Majadas.  

Cristián Balmaceda, alcalde de Pirque, nos cuenta que esos fueron los años en que Pirque empezó a subdividirse, ya fuera para vender o heredar. Describe que El Principal –hoy San Vicente, Lo Arcaya y El Principal– era parte de la hacienda Santa Rita del Alto y propiedad de Paula Jaraquemada, quien vendió a Vicente García Huidobro. Vicente le vendió a su yerno –Vicente Izquierdo– el sector que hoy conocemos como Lo Arcaya y San Vicente, quien a su vez vendió a su yerno Óscar Dávila, el sector de Lo Arcaya.

Años después, José Julio Nieto había heredado Las Majadas luego de que su padre lo comprara en 1928 a los Subercaseaux. Con su muerte el año 1972, la propiedad se dividió entre sus hijos y la casa quedó en manos de Elvira Varas, quien cada verano reunía en Las Majadas a su familia. “Era una vida muy sana, jugábamos con la tierra, con el barro, con mucho respeto hacia los abuelos y hacia los padres. Me enorgullece lo que viví con mi familia, porque me enseñó mucho”, recuerda de esos tiempos Enriqueta Valdés Nieto. Hoy, a más de 100 años de su construcción, es un proyecto de un grupo de inversionistas que buscan potenciar el capital social.

Nos paseamos por los diferentes sectores de Pirque y el alcalde nos cuenta en detalle cómo, después de la Reforma Agraria, algunas de las familias que recuperaron sus fundos decidieron quedarse, mientras que otras prefirieron vender. Los Izquierdo, por ejemplo, siguieron en San Vicente y los Dávila vendieron Lo Arcaya a los Ruiz Tagle y a otros parceleros, como la familia Mujica.

“Es fundamental el aporte que ha tenido cada una de estas familias en el progreso y en el avance de Pirque”, cuenta orgulloso el alcalde, y agrega “todas, sin haberse puesto de acuerdo, han tenido la mentalidad de cuidar Pirque y mantenerlo como el jardín de la Región Metropolitana”. Es gracias a ellos que Pirque sigue creciendo de manera armónica y preocupada de mantener el entorno.

Viñedos con historia

Hace muchos años que los pircanos saben que el sector del Maipo entrega tintos excepcionales. Ramón Subercaseux trajo viñedos de la región de Bordeaux en Francia, y contrató al enólogo Monsieur Labouchere para que las plantara. En 1862, Emiliana, heredera de El Llano, se casó con Melchor de Concha y Toro, quien entusiasmado con la idea se dedicó a explotar el potencial vitivinícola del valle y el desarrollo de lo que sería finalmente su más importante negocio y empresa: la viña Concha y Toro.

Desde fines de 1800 la viña Santa Rita se desarrolló bajo la propiedad de la familia García Huidobro, encabezada por Vicente García Huidobro, quien además era yerno de don Domingo Fernández Concha, fundador de la viña.

Los años pasan y el desarrollo vitivinícola de la comuna sólo aumentó. Incluso Las Majadas tuvo una viña, nos cuenta el alcalde Balmaceda, cuya bodega de vino se cayó con el terremoto de 1985, cuando la familia Nieto decidió no seguir con la producción.

Por su parte, la familia Valdés en Santa Rita creó la viña Las Casas de Pirque, que luego se transformaría en viña Santa Alicia. En El Principal también se crearon viñas, como la del mismo nombre que en su momento reflotó la familia Fontaine. Así es como empiezan a llegar nuevas generaciones, nuevas marcas y nuevas formas de comercializar el vino del valle.  

El tiempo es mejor juntos

Si bien esta historia es parte del pasado, llega hasta el presente en la vida familiar de los pircanos, los fines de semana en familia y con amigos compartiendo juntos. Pareciera que en Pirque buscamos volver al pasado, desconectarnos de los celulares y conectarnos con la naturaleza y nuestra gente, viviendo momentos y creando recuerdos para toda la vida.

Para Jaime Zaror, gerente general de Los Baqueanos, quienes deciden vivir fuera de la ciudad buscan un contacto con la naturaleza y una vida familiar de calidad: “Pirque y sus alrededores nos permite tener un acercamiento real con el campo y la vida de montaña, pero a su vez nos llena de momentos familiares que son el gran tesoro que le damos a nuestros hijos” describe.

El Alcalde está orgulloso, se le nota. Y es que bajo su mandato convirtieron la Reserva Río Clarillo en un Parque Natural. “El Río Clarillo era un lugar para hacer asados”, explica, “pero hoy día sólo se puede usar para hacer trekking y cabalgatas. Hace nueve años creamos la cabalgata familiar, donde hoy día participan alrededor de 400 personas que llegan en familia y a caballo a disfrutar del Parque Nacional Río Clarillo”. Sin duda, uno de nuestros elegidos para disfrutar junto a la familia de la belleza y la tranquilidad de la naturaleza de la zona.  

En LoPirque también se vive fuertemente el sentido de familia, con actividades para los niños y sus padres para fortalecer el contacto con la naturaleza y los animales; juegos y bailes para conectarse con la tierra y la identidad chilena. Su socia fundadora, Alejandra Picasso, valora los lazos que se dan en Pirque; “son fuertes y se dan con facilidad”, afirma; “el contacto con la naturaleza, los espacios y la vida de campo dan una visión de vida muy rica, enfocada en lo importante, en los afectos. Conocer a gran parte de la gente que vive acá da un ambiente de cercanía y de confianza, y eso se refleja en nuestros hijos que crecen confiados y abiertos a todas las personas”, concluye.

A los pircanos nos encanta el aire familiar que se respira aquí; esa felicidad de compartir las cosas simples siempre y cuando estemos juntos. Quizás se debe a que Pirque es un destino en sí mismo, no una ruta para llegar a otro lado. Esto lo hace un lugar especial, que de alguna manera está protegido, aislado, pudiendo así conservar sus tradiciones y su tranquilidad.

Además, hay una historia común entre todas las familias que viven aquí. Así lo entiende María José de la Cerda, directora ejecutiva de ProPirque: “puede que se deba a la historia de formación de Pirque en base a pocas familias que fueron colonizando las tierras y poblándolas con su descendencia, o bien a la idea de que al estar un poco más lejos de la urbanización y las comodidades del mundo moderno. El pircano se vale de los amigos y los vecinos para solucionar cotidianidades que en Santiago se solucionan de otra manera”, asegura.

La memoria de Pirque guarda una historia de herencias y subdivisiones, de lugares compartidos para formar y ver crecer a la familia. Una historia de cuidar la naturaleza, de aprovechar lo que la tierra nos da, de respetar la tierra y a nuestros antepasados, y más aún, a las generaciones que quedan por venir.  

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