Cerros de Pirque, un patrimonio en búsqueda de protección

El Cambio climático, expresado en una sequía que ha perdurado por más de una década. Existe una relación equilibrada entre el suelo, el agua y la raíz, que permite mantener la humedad para el árbol y así, pueda resistir los períodos secos. En palabras sencillas, sin la presencia del bosque, aumenta la temperatura, aumentan los riesgos de movimiento de material O simplemente no hay retención del vital elemento. 

Según el estudio (“Community Value Data and Strategic Outreach Tools for the Andean Conservancy in Pirque, Chile, 2017) realizado por la ONG Conservación Andina en conjunto con Colorado State University, un 87% de personas percibe que el entorno de Pirque está en estado de amenaza. Y la mitad de la comunidad, piensa que los ríos de Pirque también están en problemas. 

Sin embargo, una cifra alentadora, arroja que un 93% de los pircanos encuestados piensan que la conservación de la biodiversidad en Pirque es muy importante, porque “el que conoce valora y quien valora protege (…)”. Teniendo el privilegio tan grande como el de vivir en Pirque, es un deber conocer su naturaleza maravillosa y única.

Se cree que las cadenas de cerros que abrazan a la comuna de Pirque son su sello distintivo, y corresponden al 80% del territorio comunal. Sin embargo, hoy necesitan de cuidados y protección.

Actualmente existen muchas amenazas al bosque nativo, una de ellas es la sequía que se presenta hace más de 10 años y los cambios meteorológicos que hemos experimentado el último tiempo, incluyendo sus componentes (mamíferos, insectos, hongos, aves, entre otros) y funciones (polinización, producción de agua y aire, regulación de la temperatura, protección de suelo, etc.).

Los árboles reaccionan frente al aumento de temperatura, la falta de agua y la presencia de factores externos, como el polvo. Muchos de ellos pierden sus hojas en ciertas épocas, como por ejemplo el Sauce chileno (Salix humboldtiana), que las bota en el otoño para entrar en un período de latencia. A diferencia del Peumo (Cryptocarya alba), Litre (Lithraea caustica) y Quillay (Quillaja saponaria), árboles característicos del bosque esclerófilo, los cuales son de hoja perenne, es decir que mantienen sus hojas todo el año. Y, sólo hacen un cambio gradual en su follaje, como parte de su funcionamiento natural, en condiciones normales. 

Los especialistas nos explican

El administrador de la Reserva Nacional Río Clarillo de CONAF, Carlos Peña Muñoz, expuso que la situación de cambio climático, expresado en una sequía que ha perdurado por más de una década, y cuyos  efectos acumulativos,  se han manifestado en el paisaje generando perturbaciones en el ecosistema mediterráneo y por ello podemos observar especies nativas que siendo originarias de la zona, ante este estrés hídrico,  sus follajes se han secado y defoliado, a su vez también se ha perturbado la fauna, tanto insectos, aves y animales.

Respecto a la comunidad pircana, Carlos Peña afirmó que debe actuar con mucha prudencia evitando cualquier riesgo de incendio que bajo las actuales circunstancias sería un desastre que afectaría notablemente la producción hídrica.

Sobre los manchones verdes, éstos se generan por dos situaciones; uno puede observar una columna verde en ambientes de quebradas, y los otros manchones que se registran en las laderas de los cerros se debe a que en esos puntos específicos lo más probable, que se deben a afloramientos de agua, enfatizó Peña.

La Reserva Nacional Río Clarillo, ubicada en la comuna de Pirque, Región Metropolitana, tiene una extensión de 13.185 hectáreas, con altitudes que varían entre los 850 y 3.500 msnm, y se caracteriza por ser un refugio del bosque esclerófilo (hoja dura) en la zona central. Este tipo de bosque está formado principalmente por especies como peumo, litre y quillay.

Ignacia Zabala, pircana dedicada a la propagación de flora nativa

Los efectos de la seguía en el bosque esclerófilo de Pirque son evidentes, las especies han secado sus hojas y gran parte de su masa vegetal.  En este punto creo importante destacar que el hecho de que una especie seque y vote sus hojas y algunas ramas no quiere decir que necesariamente esté muerta, aunque en apariencia lo parezca. Esta es una estrategia de sobrevivencia del bosque; soltar lo que ya no se puede sostener, almacenar la energía que queda en un solo punto seguro para poder resistir las condiciones extremas y desde el cual poder volver a brotar si es que las condiciones mejoran.

Esto no le quita gravedad al asunto, muchas especies no han logrado resistir tanto tiempo y han muerto, el cambio drástico en el bosque es una realidad. Pero creo importante cambiar la perspectiva y no ver un bosque seco, descolorido y derrotado, sino que un bosque activo, mas atento que nunca, tomando decisiones difíciles con paciencia e inteligencia. Por lo mismo creo que cualquier acción que se quiera hacer para apoyar la situación actual del bosque debiera ir de la mano de la observación detallada de las estrategias y decisiones que el mismo bosque está tomando. Observar detenidamente sus estrategias de adaptación y hacernos parte del proceso podría llevarnos a tomar decisiones realmente positivas para la conservación y resiliencia del entorno que formamos parte, agregó Ignacia.

PAULA DÍAZ LEVI PARA LADERA SUR

En un artículo de Paula Díaz Levi, en www.laderasur.com, se expuso que para conocer las implicancias de este fenómeno, un grupo de investigadores analizó los bosques mediterráneos entre el norte de Santiago y el límite sur del cordón de Cantillana, desde la costa y precordillera de los Andes, con el objetivo de comprender cómo varía geográficamente la resistencia de estos bosques frente a la sequía que comenzó en 2010 en la zona central. El trabajo, publicado en la revista Ecological Indicators, comparó las diferencias espaciales en el verdor de los árboles entre los años 2000 y 2017, revelando que al menos un tercio de estos bosques sufrió la pérdida de verdor y, con ello, de su vigor.

“Estos análisis nos permitieron detectar que un tercio de los bosques han sido afectados por la megasequía, pero también un efecto de ‘refugio’ ante las sequías que proveen los fondos de las quebradas debido a la acumulación topográfica de humedad. Sin embargo, nuestras mediciones fueron hechas hasta el verano de 2017, y a raíz de que la sequía ha continuado, es razonable pensar que ni siquiera estos refugios han sido suficientes para proveer resistencia a los bosques mediterráneos. Hemos observado que en el año 2019 hay un decaimiento mayor y más extensivo pero que aún estamos analizando”, explica Alejandro Miranda, autor principal del estudio, quien es investigador postdoctoral del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y del Laboratorio de Ecología del Paisaje Forestal de la Universidad de la Frontera.

Si bien se ha analizado en otros trabajos el deterioro y disminución del vigor de estos bosques, esta investigación es pionera al enfocarse en el pardeamiento (browning), un fenómeno que se manifiesta en la reducción del verdor y desecamiento del follaje de los árboles, que ha sido reportado en diferentes partes del mundo como un efecto del cambio climático y, particularmente, de la sequía.

Así lo explica Antonio Lara, profesor titular de la Universidad Austral de Chile, investigador principal del (CR)2 y uno de los coautores del trabajo: “Este es el primer estudio de browning que se hace en Chile, y lo interesante es que se hizo antes de la agudización máxima de la sequía. En el caso nuestro tomamos datos del 2000 al 2017, y tres veranos después vino el colapso absoluto de la vegetación, entonces, eso es muy importante porque ya existe el método para hacer estos estudios. Ya han sido ensayados y es útil, no solo para los estudios que seguimos haciendo, sino también para otros grupos de científicos”.

la visión de iván torres meteorólogo

Por su parte Iván Torres, Meteorólogo Socio de la consultora de ingeniería y meteorología, Profesor universitario y Consultor senior de varias empresas nos responde como se refleja el cambio climático en Chile principalmente en la zona de Pirque y San José de Maipo.

Varios son los cambios que se le atribuyen al cambio climático, por ejemplo, el desplazamiento hacia el sur del anticiclón del subtropical del pacifico (como consecuencia hay cambio en la circulación lo que ha permitido la expansión de la Celda de Hadley), por lo tanto, los sistemas frontales u otro sistema nubosos asociados a precipitaciones no alcanzan a llegar con precipitaciones hacia la zona central e incluso más al norte. 

Por ende, las precipitaciones serán más escasas permitiendo la ocurrencia de sequias. Situación que muestra una tendencia de las disminuciones de las precipitaciones desde comienzo del siglo. Lamentablemente, se espera que la precipitación continúe disminuyendo en el futuro y estas prolongadas sequías (mayores a 5 años) podrían volverse más frecuentes, cuya consecuencia es aumentar el estrés hidrológico especialmente sobre la zona central de nuestro país.

Otros de los cambios importantes se refieren a la temperatura, evidentemente no todo el planeta se calienta al mismo ritmo y Chile no es la excepción. Claro está que en promedio existe una tendencia al alza de temperatura, sin embargo, hay algunas diferencias notables. Por ejemplo, la costa norte presenta una gran diferencia respecto a lo que ocurre en el interior, en la primera se han observado tendencias negativas durante las últimas décadas, mientras que, para el interior y altiplano la temperatura ha estado aumentando.  Estas diferencias podrían estar asociadas a variaciones naturales en la temperatura superficial del mar (El Niño-La Niña, Oscilación Decadal del Pacífico), que se ha observado más fría frente al norte de Chile, afectando los registros de las estaciones ubicadas en la costa.

Hacia el interior de la zona norte la temperatura sigue la tendencia global hacia un clima más cálido, lo mismo sucede en la zona central y sur del país, donde las variaciones son mayormente positivas. Estos cambios también se reflejan en altura, puesto que, se ha observado un aumento en la elevación de la altura de la isoterma cero y la línea de nieve, lo que impacta en el almacenamiento de nieve y favorece el retroceso de glaciares en la cordillera.

Las simulaciones climáticas proyectadas indican que la temperatura continuará subiendo en mayor o menor medida dependiendo del escenario de emisiones, aunque en general, los mayores cambios se observan sobre los sectores cordilleranos. 

También hay que considerar la falta de observaciones en zonas que no cuentan con estaciones meteorológicas, como en la alta cordillera y sectores desérticos y en la misma Patagonia. Nuestro sector no está ajeno a los efectos del cambio climático donde los parámetros meteorológicos como temperatura y precipitación juegan un importante papel, la disminución de la precipitación y la variación de la temperatura en los últimos años ha permitido que muchos sectores se encuentren con menos disponibilidad del recurso agua, por ende, se espera una disminución en los caudales disponibles (efecto de la precipitación), y un cambio en la temporalidad de los caudales (por efecto de la precipitación y temperatura, de hecho por el alza del nivel de la isoterma cero, lo más probable es que durante eventos de precipitaciones se vea afectado el recurso agua disponible para la población, en forma transitoria, y el aumento de los caudales), cabe consignar que este efecto de la elevación de la isoterma cero grado ya ha traído consecuencia en años anteriores además de la mayor ocurrencia de tormentas de verano en el sector andino con deslizamientos de tierra y/o aluviones.  

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