Josefina Prieto Vial: «Mi abuela era la mujer más encantadora que he conocido»

Por Paloma Olivares.

Luego de conocer la labor de restauración de la antigua casona de Doña Virginia Subercaseaux y Don Hernán Prieto, quisimos ahondar más en la historia que rodea este hermoso lugar y a una de las familias más emblemáticas de nuestra comuna. Amablemente, Josefina Prieto Vial compartió sus más bellos recuerdos con nosotros y nos fue guiando por un recorrido de la época que ella guarda en el lugar más especial de su corazón: su infancia en casa de sus abuelos.

josefina-prieto-vial-todopirqueMientras caminábamos por el patio que rodea la casona, sus hermosos ojos azules se iban iluminando con los recuerdos y el relato que brotaba espontáneo de su boca. “Lo pasábamos tan bien aquí…tengo tanto recuerdos maravillosos de esta casa, mis abuelos y de todas las cosas que hacíamos con mis hermanos y mis primos” nos decía mientras admiraba el frontis de la casa, y nos mostraba el ventanal de uno de los dos dormitorios principales donde dormía su abuela Doña Virginia.

Nos dirigimos hacia el lado oriente del terreno, donde estaba el patio de servicio “que era lo más entretenido que había…aquí jugábamos todo el día. Teníamos una cocinera que se llamaba Mama Pepé que cuando mi abuela no nos veía nos dejaba entrar en la despensa” recordó con alegría “por supuesto que mi abuela no nos dejaba entrar, ¡nos comíamos todo!”.

Recorrimos el camino de encinos que en el pasado terminaba en un mirador donde sus abuelos se sentaban a mirar la cordillera durante el atardecer. Mientras Josefina intentaba recordar datos precisos de la construcción de la casa, fechas y nombres, aquella intención se le arrancaba entre visiones de su niñez y sobre todo el semblante cariñoso de su abuela, quien sin duda fue uno de los pilares de su vida. “Mi abuela vivió en La Moneda, era muy conocida y todo el mundo la adoraba. Fue la única mujer de 5 hermanos, así que era muy regalona y eso la hizo muy encantadora”. De vuelta del camino de los encinos, al mirar el tilo enorme que se erige frente al corredor trasero de la casona, Josefina recuerda que ese era el lugar predilecto para tomar el té de la tarde.

“Nosotros vivíamos al frente, en la casa que heredaron mis padres y que ahora es de la Fundación Origen, que dirige mi hija Mary Anne. Con mis hermanos estábamos todo el día para acá y para allá…si no, íbamos a la casa de la tía Emiliana (Emiliana Subercaseaux, esposa de Don Melchor Concha y Toro fundador de la Viña que lleva su apellido) que era de lo más entretenido porque siempre había gente invitada, o asistíamos a la vendimia. Nos íbamos a caballo por la orilla del río Maipo hasta su casa”.

Josefina nos cuenta que la capilla era muy importante, ahí todos los 8 de diciembre se llevaban a cabo la primera comunión de los nietos, sobrinos, hijos de los empleados del fundo y vecinos. “Todos hicimos la primera comunión aquí y mi abuela nos obligaba que la hiciéramos a pie pelado para que no hubiese diferencia con los otros niños. Era una ceremonia preciosa…a mí me entregó la comunión el padre Don Carlos Casanueva que fue rector de la Universidad Católica”. Recuerda que en el fundo hubo 35 casas y que hasta los 8 años ella y sus hermanos iban a una escuela que había en la cancha que hay al lado de la casona, donde actualmente está la sede social de El Cruceral. Ahí estudiaban junto a todos los niños del lugar “éramos todos amigos”. “Mi abuelo también era un ser maravilloso, hacía unos desayunos con todos los inquilinos, ponían unas bancas largas donde se sentaban todos y ahí les repartían el desayuno”, nos contó mientras nos indicaba el lugar al costado de la bodegas. En esas bodegas guardaban las amarillas manzanas Huidobro que cosechaban del mismo fundo, una variedad que se trajo de Italia y que hoy es poco conocida en nuestro país, pero que se continúa sembrando en Argentina. “Aquí veníamos a robar el dulce de membrillo que hacía mi abuelita Virginia y que también guardaban en las bodegas, ¡era una delicia!” recuerda.

Josefina Prieto vivió en Pirque hasta que se fue como interna a las monjas francesas, periodo en el que pasó los festivos y vacaciones en la casa de sus padres, quienes después se la heredaron a su hija mayor, Isabel Margarita, quien se casó con Ignacio Walker Concha. “Mi hermana Sally fue candidata a Regidora” nos cuenta Josefina dilucidando que la dedicación política de los Walker Prieto fue una herencia más bien materna.

“Yo me casé en casa de mis papás, tenía 21 años…mi abuelo había muerto 2 o 3 años antes, pero recuerdo como si fuera hoy a mi abuela Virginia el día de mi matrimonio. Después de casada, ella iba a visitarme todas las semanas y me llevaba frutas y verduras de la zona”. Resultaba imposible que a Josefina no la embargara una nostalgia, pero era una añoranza positiva, bonita, suspirando agregó “Todo era tan romántico, tan bello”. A los pocos años de casada se fue a vivir a Europa y luego de residir 12 años en Suiza, volvió a Chile con sus dos hijas: Sandra y Mary Anne, que eran adolescentes. En Ginebra trabajó para las Naciones Unidas y eso le permitía venir a Chile de vez en cuando. Cuando estaba en Nueva York, ya las ganas de volver fueron más grandes y decidió retornar a su país. Aquí retomó su pasión por el arte que había estudiado en la Universidad Católica y se dedicó a la decoración. “Cuando volví, lo hice sola con mis dos hijas, ahí armé mi tienda…decoré a medio Chile, me hice bien famosa, eran finales de los años ’70 así que era muy difícil encontrar materiales, pero yo me las arreglaba con mis viajes y con imaginación. Mi primer trabajo fue decorar la tienda de Gucci en Chile y lo hice con láminas de corcho, cuero y madera.” nos dijo y luego comentó que su hija Sandra no se pudo acostumbrar así que volvió a Suiza. Por su lado, Mary Anne que tenía una vocación social muy marcada, “llegó donde mi papá y le dijo: Yo lo único que quiero es ayudar y él le pasó una construcción que tenía en el patio y ahí empezó las clases, como con 8 niños. Años después su tío Ignacio Walker le donó la casa para la fundación”.

Hoy Josefina vive en el sector de Santa Rita, pero visita la Fundación Origen a menudo y gracias a la actual recuperación de la casona de sus abuelos, también frecuenta el lugar donde fue tan feliz. “Me emociona mucho estar aquí, siento que mis abuelos deben estar en espíritu, yo creo absolutamente en eso”, reflexionó al ponerse el sol. Ya empezaba a refrescar cuando Josefina se fue a su casa, acompañada por las historias, recuerdos e imágenes que revivió junto a nosotros y que valoramos tanto, ya que gracias a su buena disposición hoy conocemos más sobre la historia y los personajes que son parte de la identidad de nuestra comunidad.

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