Plenipausia: la reina de mí misma.

Por Paloma Olivares.

La menopausia es una de las etapas que tiene una de las herencias culturales más perversas y devastadoras. Al buscar imágenes de mujeres en esa etapa de la vida, encontré rostros sufrientes, seres víctimas de sofocos o abuelitas tejiendo en actitudes casi pueriles. Sin embargo, cuando uno/a empieza a profundizar en el tema, a salirse un poco del discurso tradicional que dice “si ya no eres fértil, no sirves”, podemos conectar con un significado diferente, que nos invita, sólo a nosotras, a disfrutar de una fase enriquecedora, espiritual y de sabiduría interna…la plenipausia.


PLENIEn griego “Menos” significa Monstruo, por lo tanto la palabra Menopausia es la pausa del monstruo, idea que condena la menstruación, por ende nuestro ser mujer. Esa condena la venimos arrastrando desde hace miles de años y esa condena es la que integramos a nuestra vida permitiendo que, por una parte la menstruación sea vista como un monstruo, idea que se manifiesta en patologías como: ovarios poliquísticos, miomas uterinos, cáncer de mamas, cáncer de útero, prolapso de útero, infertilidad, entre otros; y por otra, una menopausia que hereda todo eso negativo para manifestarse en una vejez seca, fea, dolorosa e inservible. La intuitiva médica Carolyne Myss propone que el gran temor de las mujeres hacia la menopausia, reside en la mala comprensión del arquetipo de la mujer menopaúsica como una mujer sola, esa que en la antigüedad de iba al bosque y se convertía en bruja, como la de Blancanieves. Y es muy probable que efectivamente las mujeres que ya no menstruaban, en la época tribal, se alejaran de la tribu, pero no porque la comunidad las separara, sino porque es una etapa de introspección, conexión con la sabiduría interna, la intuición propia y revaloración de sí misma. Sicológicamente, y gracias al reordenamiento hormonal, la mujer en la menopausia ya deja de “darle al mundo”, de exteriorizar su quehacer, de ser productiva para la comunidad y comienza a ocuparse de ella misma. Como dice la Dra. Christiane Nosthrup “Ya no basa sus actividades, sus pensamientos y su imagen de sí misma en la aprobación de su familia (¡menos mal!) es libre de ir y venir cuando le place y a su manera”. Pero para tener una menopausia saludable, es necesario tener una menarquia saludable (primer sangrado) y un ciclo menstrual saludable; y me refiero a saludable no sólo físicamente, sino que social y psicológicamente. La creencia se convierte en biología planteé en mi columna anterior y en este caso es fundamental creer que la menopausia no es el fin de la vida de una mujer. Sin embargo, tal como señala el famosísimo Dr. Deepak Chopra “para que esta creencia se traduzca en realidad física, toda la tribu tiene que creerla”. Para allá vamos, cada vez son más las mujeres que profundizan positivamente en sus ciclos y en esta etapa de la vida, y poco a poco la idea de que la menopausia debería llamarse plenipausia, es mayor. La escritora y Donna Henes llama “Reina” a esta etapa en su libro The Queen of my self (La reina de mí misma).

En algún momento me pregunté a mi misma: Si la menopausia es tan negativa para una mujer ¿por qué vivimos 20, 30, 40 años más después de que llegamos a esa etapa? Y la escritora nicaragüense Gioconda Belli me dio una de las respuestas a través de su libro “El intenso calor de la luna” y la conversación de una ginecóloga con su paciente que está en el climaterio: Si te digo que cada mujer no se posee a sí misma plenamente sino hasta que su cuerpo renuncia ser la prolongación de otro cuerpo, y que es por eso que la vida dispone que vivamos más años ¿no te parece que hay sabiduría en eso? Es como si la naturaleza estuviera consciente de que no nos pertenecemos en la época de la fertilidad y nos diera el tiempo para alcanzar la plenitud. Y, sin embargo, en vez de atrapar y disfrutar esta época de gracia ¿cuánta energía no le dedicamos a lamentarnos de lo que dejamos de ser? Yo aquí he visto llorar a mujeres viejas por nostalgia de ya no poder concebir. Las miro y no me lo creo, te lo juro. ¿Y sabes qué es? Una trampa. Otra trampa como las muchas que hemos tenido que ir superando n el camino…esta última trampa, la de la menopausia nos convierte en seres asexuados, invisibles e inservibles, es una de las peores, de las más interiorizadas. Como el máximo valor que nos concede la sociedad es el de la maternidad, cuando ésta se convierte en una imposibilidad física es como que nos sacaran la alfombra, y nos quitaran el asidero donde reside nuestra identidad, el valor que nosotras nos damos a nosotras mismas.

Es por esta razón y para el bien de cada una y de las que vienen, que debemos comprender la importancia de que las mujeres y nuestras hijas, sobrinas, nietas, hermanas, conectemos con nuestros ciclos vitales de la mejor manera posible, para que cada etapa sea saludable y dichosa. Porque si la que estamos viviendo es buena, la que vendrá es mejor!

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