CLUB DE JARDINES DE PIRQUE

Por Julia Tribes M.-

En esta época no estamos mucho tiempo en el jardín ya que el frio nos ahuyenta. De todas maneras se deben recordar varias cosas, tales como cubrir o proteger las plantas delicadas; deshacer la taza de los árboles y arbustos para que no se acumule el agua alrededor del tronco; acumular ramas y hojas para hacer compost; fertilizar con Fosforo los árboles frutales y arbustos de flores.


Y como debemos seguir conectados a todo lo que es jardinería, el Club de Jardines de Pirque, quiere entregarles en esta oportunidad, un tema muy interesante y que es el que se refiere al nombre científico de las plantas.

Los nombres científicos de las plantas no siempre han existido. En su forma actual tuvieron origen en 1753, cuando Carlos Linneo publicó su libro Species Plantarum . Pero, ¿qué fue lo que motivó su aparición? ¿Es realmente necesario complicarse la vida utilizando nombres como Spondias mombin en lugar de decir simplemente «ciruela»?

club-jardinesLos nombres científicos son excelentes para evitar confusiones, como en el caso de las ciruelas, en que sabemos que existen diferentes tipos de ellas, como la ciruela de España

( Prunus domestica ), que es ordinariamente roja y tiene un hueso aplanado, y la ciruela mexicana ( Spondias mombin ), que es normalmente amarilla y tiene un hueso redondo y grande.

Los nombres científicos nos dan además un indicio sobre las relaciones de parentesco entre las diferentes plantas, cuando éste es cercano. Por ejemplo, los duraznos, las ciruelas de España, los damascos y las cerezas están todos cercanamente emparentados, como lo indican sus nombres científicos: Prunus persica , Prunus domestica , Prunus armeniaca y Prunus avium , respectivamente.

Los nombres comunes, por otro lado, nos llevan a errores al sugerir parentesco donde no lo hay. La ciruela mexicana no tiene ninguna relación con la ciruela de España. Más bien, la ciruela mexicana está relacionada lejanamente con el mango ( Mangifera indica ) ya que ambos frutales pertenecen a la familia de las anarcadiáceas, mientras que los frutales del género Prunus pertenece a la familia de las rosáceas.

Por otra parte, los nombres científicos son internacionales, mientras que los nombres comunes varían incluso dentro de un mismo país. Por ejemplo, a la ciruela mexicana en ocasiones se le denomina jobo o jocote en diferentes regiones.

En el siglo XVIII surgió la necesidad de formalizar un sistema internacional de nomenclatura para las plantas. A fin de evitar favorecer a un cierto país se optó por usar al latín como base para la nueva nomenclatura científica; una lengua muerta que no era oficial en ninguna nación y además presentaba la ventaja de ser hablada como segunda lengua por la gente culta de Europa.

En sus inicios, los nombres científicos eran en realidad descripciones de las plantas. Conforme se descubrían nuevas especies cercanas a las existentes, los nombres iniciales iban sufriendo pequeñas modificaciones para dar cuenta de ellas. Sin embargo, a medida que aparecían más y más especies los nombres fueron creciendo a tal grado que se volvieron imprácticos Fue Linneo quien, de manera consistente, puso fin a este problema al separar los nombres científicos de las descripciones e instauró así el sistema binominal de nomenclatura científica vigente hasta nuestros días. En este sistema, los nombres de las especies de plantas (y de todos los seres vivos) constan de dos palabras, que se denominan género y especie, respectivamente. De tal suerte que las especies afines se clasifican en el mismo género, pero con diferentes especies, como el caso de los frutales del género Prunus que discutimos con anterioridad. Por otra parte, pueden aceptarse nombres de tres palabras solamente en los casos en que se hace necesario determinar diferentes subespecies, variedades o formas: por ejemplo, Laelia rubescens variedad alba .

Por lo general los nombres genéricos y específicos tienen alguna relación con la nueva planta. Por ejemplo, algunas veces describen alguna característica notable, como rubrum (rojo), scabrum (rugoso) o albiflora (de flores blancas); en otras ocasiones los nombres hacen referencia al sitio donde se encontró la nueva especie por primera vez, como nayaritensis (de Nayarit), jaliscana (de Jalisco) o arabicus (de Arabia). O bien, los nombres se dedican en honor de alguna persona que haya tenido que ver con el descubrimiento del nuevo género o especie o que esté relacionado de alguna manera con la botánica, como hartwegiana (dedicado a Hartweg), lexarzanum (dedicado a Lexarza) o Tamayoa (dedicado a Tamayo). La catalogación científica de las plantas es una tarea ardua y aún lejos de ser completa. 

Les recordamos sus consultas a jardines.club@gmail.com

 

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