Carta de Parroquia Pirque

Queridos Hermanos:

Hemos finalizado el mes de junio, mes que la iglesia ha consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, y las lecturas diarias de la Eucaristía nos han sumergido en el libro de Primera de Reyes, donde hemos reflexionado el contexto histórico de la época de  los gobernantes israelitas. Hemos visto cómo a medida que los reyes se alejan de la presencia del Señor haciendo su propia voluntad, el pueblo cae en una profunda pobreza, tanto material como espiritual, lo que los lleva nuevamente a ser esclavos de Babilonia y culminar con la ciudad de Jerusalén totalmente destruida.

El pueblo de Israel a lo largo de su historia ha vivido momentos  en que obedecer los mandamientos de Dios es una prioridad y otros en los que se dejaron llevar más por la mundanidad y el libertinaje. Para explicar un poco más este hecho nos adentraremos en el libro del Éxodo, el cual nos narra el paso de ser el pueblo esclavo en Egipto a un pueblo en libertad de la mano de Moisés. Y este en este proceso en donde hay un hecho que nos llama mucho la atención, en el cual se nos narra una batalla enfrentada entre los israelitas y los amalecitas (ex 17, 11-13). 

La cita bíblica anteriormente mencionada nos habla de un Moisés con los brazos extendidos al cielo y cómo con la ayuda de este gesto los israelitas toman ventaja en la batalla. Sin embargo, cuando Moisés baja sus brazos, empeizan a caer derrotados, un simbolismo muy teológico donde se nos quiere dar a entender la comunicación entre Moisés y Dios y, particularmente, la necesidad de la presencia de otros en esa comunión.

La figura de moisés con los brazos extendidos representa al hombre orante que dialoga con  su creador y busca cumplir su voluntad. Esta figura también es usada en los evangelios con un Jesús alzando su mirada al cielo; el hombre que pone  a Dios por delante suyo, nos dice la Sagrada Escritura, vive feliz y dichoso ya que encuentra en la oración paz y tranquilidad, actúa mejor y todos sus proyectos le salen bien; caso contrario pasa con el hombre orgulloso que busca satisfacer sus placeres y baja sus brazos, este vive lleno de tristeza y sufre por no encontrar sentido a su vida ya que ha rechazado todo contacto con Dios y su prójimo, terminando y cayendo en un mundo donde todo es tristeza y rechinar de dientes.

«Pidan y se les dará, busquen y encontrarán», fueron las palabras de Jesús a la hora de enseñarnos a orar, si buscamos en la oración al Señor tendremos consuelo y nuestros sufrimientos estarán sanados, en los momentos más difíciles de la humanidad hemos encontrado la huella de un Dios misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, viniendo en auxilio de su pueblo que lo llama a través de la oración. No dejemos de orar queridos hermanos, no bajemos los brazos, consagremos nuestras vidas al Sagrado Corazón de Jesús, que derrama su sangre por amor a nosotros, vivamos la experiencia de estar unidos al Dios Padre y pongamos todo en sus manos.

Jesús manso y humilde de corazón, haznos un corazón como el tuyo para vivir llenos de paz y amor. Que el señor nos bendiga y proteja, por los siglos de los siglos, amen

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