«Los Hornitos» y «La Lupita»: Sabor de la tradición en las picadas de Pirque

El tiempo transforma, cambia y pareciera que mantiene solo lo esencial del pasado, se queda con eso que nos sirve, eso que tiene historia, patrimonio y que es representativo de cada lugar. Pues bien, nuestra comuna tiene muchos de estos rasgos, pero en esta ocasión nos quedamos con dos picadas de mucha tradición pircana: Los Hornitos y La Lupita.

«Los Hornitos», y la gran simpatía de don Oscar

Si hay algo que es sabido de la zona de Los Silos, además de que acá se pueden encontrar las mejores tortillas al rescoldo, pan amasado y empanadas en el local «Los Hornitos», es que de encontrarse con don Oscar Paz Delgado, de seguro te provocará más de una sonrisa. 

Apenas nos recibe en su local, que se encuentra cerrado (según él hasta que acabe el confinamiento), y preguntar si acá se hacían una de las mejores empanadas de Pirque; nos responde con una sonrisa en su rostro: “no son las más ricas, sino las menos malas”. 

Entre risas y un muy buen ánimo, hablamos de todo con Don Oscar. Por ejemplo que el fuerte de su local era el turismo y que, como política, para ellos un producto es bueno cuando el cliente vuelve por más. También nos contó su creencia sobre las nuevas generaciones, “tan silenciosos en sus celulares, yo creo que en el futuro las personas serán mudas”.

Los Hornitos, llamado El Rancho por Don Oscar, es un lugar donde las tortillas se hacen “donde fuego hubo”. De hecho, en una madrugada de 2012 se incendió El Rancho. Pero en vez de frenar el funcionamiento del local, abrieron a un día después del siniestro. Otra vez desde las cenizas, con muchas ganas como es de costumbre.  

Don Oscar realmente representa a una generación. La generación que él llama “del sombrero”, esas personas que vivieron en los años 50, con muchas carencias materiales. Pero personas de palabra y mucho respeto, cualidades que según Don Oscar hoy son difíciles de encontrar. 

“A mis padres se los llevó la otra pandemia, la peste blanca como se conocía por ese entonces la tuberculosis. Así que fui huérfano y trabajé 40 años en el Fundo de la Universidad Católica (al retirarse recibió tan solo 1 millón 800 mil pesos).»

Don Oscar, un pircano de tomo y lomo

«Yo provengo de la generación del sombrero. Los que se rompieron el alma y el cuero en el trabajo de los fundos, los que formaron los canales, las siembras con ojota y a mano descubierta”; manifestó con emoción Don Oscar. 

Lo que nunca abandonó a Don Oscar fueron sus ganas de independizarse, imaginen que para conseguir su primer comedor tuvo que vender un chancho. Fue así, ejerciendo el noble oficio de trabajo, que ya a mediados de los años noventa se establece en su rancho. 

Durante una conversación que entrelazó bromas y nostalgia, más de una lágrima se asomó en los ojos de Don Oscar al recordar su pasado. Después de conversar sobre sus padres, sus amigos, su profesora Helena Céspedes Paredes por quien reza a diario, plantaciones de cáñamo que antes eran permitidas, la vida en los fundos, el fútbol tan común en Pirque, Don Oscar se despide diciendo que no sería nadie sin su mujer Rosa Medel Aguilar, y sus hijos Rosita Paz Medel y Oscar Paz Medel, agregando que:

Soy pircano de tomo y lomo. Nací pircano hasta el tope. Me gusta decir verdades, soy piedra que no se alisa por más que talles y talles; soy terco como una mula a donde vas será mejor que no te halle”.



«La Lupita», la familia Tudela Cuevas dando vida al patrimonio gastronómico

Tras dejar Los Hornitos nos dirigimos a la localidad de San Vicente. Lugar en donde terminó la vida de Ñato Eloy, un verdadero mito a nivel nacional, y lugar en donde, según uno de los hermanos Tudela Cuevas, el diablo se dejaba ver de vez en cuando.  

Tal vez una de las zonas más escondidas de Pirque es donde podemos dar con La Lupita. No obstante, este lugar se ha expuesto en televisión abierta en dos oportunidades, ni más ni menos que visitado por Don Francisco. Primero en 1984 (oportunidad en que se entrevistó a la matriarca Lupita) y recientemente en 2016 (en el programa Usted no reconoce Chile).

Es que probamos, al igual que Don Francisco y que cualquier turista que visite San Vicente, la tradición que se esconde en las deliciosas empanadas que se pueden conseguir donde La Lupita.

Las mismas empanadas, el mismo pan de horno de barro que hacía nuestra abuela y nuestra madre es el que ofrecemos”. Nos contaron los hermanos Tudela Cuevas.

Esta tradición inmemorable nace con la llegada de los hermanos. Lupita Cuevas comienza a hacer empanadas y pan amasado para ayudar en la casa. Una noble reacción para entregar un mejor pasar a sus hijos, que pasó de una simple actividad que solo en San Vicente conocían, al reconocido emprendimiento familiar que mantiene vivo el legado de Doña Lupita hasta la actualidad. 

Conversando con los hermanos Tudela Cuevas, al consultarles la razón por la que se han mantenido juntos y firmes como familia todo este tiempo, ellos nos responden por la buena base y raíz que plantaron los padres: “todos los domingos nos llevaban a la iglesia, con los críos colgando pero llegábamos, esta es una raíz muy linda, por esto se formaron principios de fraternidad que aún nos mantienen unidos”.

Desde cero, con un préstamo y regateo

En detalle La Lupita nace de manos de Isabel Tudela Cuevas. La hija menor, quien nos relató que este local “partió con cero, conseguí un préstamo, regatee el precio y partí más que nada por necesidad. Mi padre había fallecido y yo me encargaba de cuidar a mi madre, por lo que no podía salir. Así que partimos desde cero y con mucha ayuda en 2010”. 

Fueron los turistas y visitantes los que hicieron que las empanadas de Doña Lupita se extendieran más allá del ámbito familiar Tudela Cuevas. Esos clientes que vuelven solamente alentados por el sabor de la tradición son los que permiten que las picadas sobrevivan. Con muchas historias y anécdotas aún por contar. 

Es cierto que por la contingencia que atravesamos es solo cuestión de paciencia, esperar a que El Rancho de Don Oscar reabra sus puertas, siempre desde las cenizas y con una sonrisa en el rostro.

Paciencia para que el legado de Doña Lupita se mantenga en sus hijos y nietos, quienes nos manifestaron que esperan con ansías emular otra vez la canción La Familia de los Pimpinelas. Como lo hacían en largas mesas todos los domingos antes de la pandemia.

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